Un ensayo en simbología y paleografía comparadas – por Sergio Fuster
Desde la más remota antigüedad, el signo ânj ha sido un referente de las creencias egipcias relativas a la existencia vital, tanto la de aquí como la del Más Allá (1). A menudo, el ânj es representado con un círculo o argolla de la que pende un trazado cruciforme rectilíneo, o una taw (2). Los egiptólogos todavía no han podido brindar de manera concluyente una definición del significado que esconde su imagen, aunque se sabe que está estrechamente asociada al culto funerario y a los ritos de iniciación (3).
No obstante, como signo, el ânj ha recibido diversas explicaciones. Se lo ha descrito como una especie de llave o nudo mágico en posición vertical (4) y también se lo ha visto como un espejo, una cruz o un pene erecto estilizado en pleno acto de penetración (5).
A pesar de la universalidad del signo, encontramos que el ânj tiene una característica particular: es sumamente flexible. Sin embargo, como símbolo es todavía mucho más dinámico. A todas luces, su interpretación está determinada por el caso que se trate, i.e., el contexto específico en que se lo emplea (6). Según los documentos cotejados – bajorelieves u objetos de bulto exento -, el ânj aparece como agua (lit., una corriente de agua) (7); como vegetal o loto (8); como la respiración o el viento que sale de la boca (9); o como un amuleto protector (apotropaico). Ahora bien, cada circunstancia propende a la unidireccionalidad, esto es, que orienta y cierra la polisemia del símbolo en forma unívoca, clausurándolo (10). Pero, en el ámbito de la Totalidad , podemos decir que el ânj es un concepto abarcador de la experiencia humana más significativa y esencial: la Vida (11).
Ahora bien, para el pensamiento egipcio el principio vital compartía estados existenciales alternativos:
• Como la animación física sostenida por la respiración (viento-soplo vital).
• Como la suspensión de la actividad somática, quedando el cuerpo en estado inmóvil o vegetativo; lo que no excluye el estado potencial de la fuerza psíquica retenida dentro del cuerpo conservado (líquido primordial, loto).
• C omo la iniciación del difunto a una existencia sutil e invisible, en duplicado (para la cual necesita protección mágica) (12).
En otras palabras, la Vida era vista como un atributo divino “envuelto” en un envase corpóreo y, por lo tanto, desplazable en un entorno limitado por el tiempo y el espacio, aunque, después de su muerte y entierro, esta vida no necesariamente dependía del cuerpo ( momia ) para fluir (aunque podía mantenerse allí en modo poseso o en estado suspendido), sino que también era capaz de circular fuera de él en forma independiente (13).
Para la mentalidad egipcia, el ânj era una representación sintética que remitía a estas concepciones antropogónicas generales, y su trazado bien pudo entenderse como una vía de acceso iniciática o un objeto mediador que hacía de hilo conductor entre el ámbito fenoménico y el Inframundo (14).
No obstante, si comparamos los casos particulares en que se lo usa en textos e inscripciones (agua, viento, loto, amuleto protector), veremos que están íntimamente relacionados con su signografía general (15).
Para cerrar esta idea concluimos, entonces, que las variantes interpretativas que lo presentan como “signo” (nudo, llave, falo, etc.) trans -significado por la experiencia humana se pueden resumir en una sola corriente, a pesar del dinamismo de sus usos, que lo ve como una puerta que da paso de un modo de vida a otro.
1. Símbolos y representaciones
Lo tratado hasta aquí supone, como regla general, que el ânj remite a dos ámbitos de una misma cuestión. Sabemos que los nudos unen por atadura y que las llaves abren o cierran puertas. Los nudos tienen dos puntas y las puertas cerradas esconden sorpresas. En principio, este exponente funciona como una arcada (marco de espejo) que marca un antes y un después, y que alberga un claro principio polar, dual y metafísico.
1. 1. El signo del ânj adquiere para el Homo religiosus una transposición simbolizante. De un lado, funciona como figura ideográfica de la Vida (puerta, espejo, cuerda, nudo mágico, cruz, llave, falo-útero etc.) que a la vez comparte un sentido lingüístico. Esto se hace evidente por su uso, en las inscripciones, como determinativo de expresiones vocativas referidas a personajes vivos.
Luego, entra por el lado opuesto, ulterior, bajo la fachada artística. Lo que funciona como disparador de un proceso psíquico vivencial de finitud humana y el deseo de prolongación de la vida en el Más Allá, en el otro plano de la realidad, queda proyectada cual imagen espejada hacia lo insondable (16). Dentro de esta corriente adopta los usos citados como agua, vegetal o loto; viento o soplo, o como amuleto.
Por lo tanto, proponemos que el ânj es un mecanismo que se abre a una dimensión, más que psicológica o estética, a una esfera mágica y espiritual (17), como mediación entre dos tipos de existencia: una en positivo (el Ser) y otra en negativo o apofática (el “[todavía] no” Ser – el Nun -).
1. 2. Lo estudiado hasta aquí ofrece una doble categoría de análisis: por un lado, su identidad física como representación visual (“fenómeno”, icono, trisílabo, etc., susceptible a la interpretación por analogía); y, por el otro, el mensaje que se transmite en claroscuro, i.e., como símbolo (“noúmeno”, susceptible a la interpretación por anagogía – lo que nos hace pasar de la imagen a la idea) (18).
Es complejo dar conclusiones concretas acerca del ânj ; la misma flexibilidad de este emblema esta regido por la pulsión que genera en el hombre el misterio de la Vida y de la Muerte. Para aclarar más esta cuestión, a continuación recorreremos los senderos desde su representación más primaria en las inscripciones (exotérica), hasta su significado místico como emblema de uso religioso y sus múltiples simbolismos en el antiguo Egipto (esotérica) (19).
Notas
1. M . Brodrik-A.A. Morton, Diccionario de arqueología egipcia (Madrid, 1999), 20.
2. J. Chevalier, Diccionario de símbolos (Barcelona, 1986), 362-70.
3. Id. , íbidem .
4. Id. , íbidem .
5. O.A. Wall, Sex and Sex Worship (n.pl., 1968), 359.
6. R.H. Wilkinson, Symbol and Magic in Egyptian Art (Londres, 1994), 159-61.
7. La representación del ânj como corriente o agua de vida aparece, i.a., en un bloque del Gran Templo de Amón-Râ en Karnak, en una inscripción de la reina Hatshepsut (Dinastía XVIII); véase R.H. Wilkinson, o.c., 168 fig. 124. Cf. tamb. J.R. Ogdon, The Protection of Life . An Everyday Magical Practice in ancient Egypt ; col. Estudios del C.E.A.E., vol. 3 (Buenos Aires, 1997), fig. 20a-b.
8. El vegetal de la Vida está presente en una estela funeraria de la Dinastía XX , ahora en el Museo Egipcio de El Cairo; véase R.H. Wilkinson, o.c., 169 fig. 127.
9. Son abundantes los ejemplos del uso del ânj como soplo vital (e.g., en la estela de Amenofis II de Luxor). Es interesante notar la analogía con los textos ugaríticos de Ras Shamra, en donde el concepto de nefes tiene el sentido de “nuca” o “garganta” (G. Pidoux, El hombre en el Antiguo Testamento [Buenos Aires, 1979], 13). En los ejemplos citados, “nuca” aparece con una forma verbal napash , pero más bien se refiere al “hálito de vida” o ruaj de los textos bíblicos. Para una consideración de los términos, véase S. Fuster, El hombre y los ritos funerarios en la escatología hebrea ; on-line en www.temakel.com . Buenos Aires, 2003.
10. F . Daumas, Los dioses de Egipto (Buenos Aires, 1986), 24-6.
11. A .H. Gardiner, The Attitude of the ancient Egyptians to Death and the Dead ( Cambridge , 1935), 226.
12. H. Frankfort, Reyes y dioses (Madrid, 1976), 199.
13. É. Naville, Das Ägyptische Todtenbuch der XVIII. bis XX. Dynastie I (Berlín, reed. 1971), lám. IV (la famosa escena del ba descendiendo por la galería de la tumba).
14. É. Drioton-J. Vandier, Historia de Egipto³ (Buenos Aires, reed. 1977), 77- 81.
15. Véase la bibliografía citada en la nota 6.
16. P. Riffard, ¿Qué es el esoterismo ? (Méjico, 2000), 228-40.
17. Id., íbidem .
18. Id., íbidem .
19. Véase la bibliografía citada en la nota 10.
Continuará…